Que nadie me diga cómo vivir



Creo que existe un falso sentido de autonomía para resolver conflictos de tipo emocional. En realidad creo que se trata de una forma de disfrazar la incapacidad de abrirse emocionalmente.

Las personas no dudan en ir a un médico ante una dolencia física, pero no tienen la misma disposición para acudir a un psicólogo. Hay quienes se avergüenzan o incluso se enojan cuando les recomiendan consultar a un terapeuta.

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Y en cierta medida esa es una de las razones por las que muchas personas evitan los grupos, ya sea de apoyo, de autoayuda o de crecimiento (como el Club de la Felicidad).

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La expresión más común es: “a mí nadie me va a decir cómo vivir mi vida“.

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Pero esta frase encierra algunos mitos:

MITO 1. “Nadie” me va a decir cómo vivir.
Las personas siguen modas, imitan expresiones, siguen costumbres alimenticias, etc. es más que obvio que de esa forma están dejando que alguien más les diga cómo vivir. Sin embargo cuando les hablan de un grupo hay un gran número de personas que reacciona a la defensiva.

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MITO 2. “Decirme cómo” vivir mi vida.
En realidad los grupos no nos dicen cómo vivir nuestras vidas, sólo nos conectan con personas que tienen desafíos similares para conocer la forma en que manejaron la situación, eso es más bien una sugerencia y no una imposición.

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MITO 3. “Mi vida”.
Este es el tercer mito, decimos “mi vida” como si viviésemos aislados de los demás, sin embargo el contacto social es una de las realidades más poderosas en la vida de los seres humanos. Y por lo tanto un factor decisivo en materia de bienestar. Las personas tienen mayores índices de bienestar en la medida que sus conexiones sociales son de mejor calidad.

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Creo que es momento de romper prejuicios y abrirnos a las posibilidades que un grupo puede ofrecernos. A final de cuentas, el miedo a abrirse a los demás, es uno de los motivos que con mayor frecuencia nos hacen sentir infelices.